Un lugar para las vacaciones reales y un oasis naturalístico
Desde los tiempos de Carlo Alberto hasta la caída de la monarquía (1946), la familia real transcurrió sus vacaciones en este
imponente castillo remodelado en el siglo XVII construido por el arquitecto Guarino Guarini para los príncipes de Carignano y circundado por un majestuoso parque, obra del arquitecto de jardines Xavier Kurten y uno de los ejemplos más significativos en Europa de la sensibilidad por la naturaleza y el paisaje propio del Romanticismo.
Visitar el Castillo de Racconigi actualmente significa no solo volver a vivir los fastos de Casa Saboya admirando la decoración y la espléndida colección de retratos, sino también pasear entre invernaderos y granjas, observar las cigüeñas que nidifican en el parque, oasis de gran interés naturalístico.
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El castillo estaba destinado al recreo y a la caza ya desde mediados del siglo XVII, cuando pasó a ser propiedad de la rama cadete de los Saboya-Carignano. Por encargo del príncipe Emanuele Filiberto, en 1676 el famoso arquitecto Guarino Guarini inició la reforma del antiguo edificio medieval convirtiéndolo en una moderna residencia de delicias. De esta primera fase se puede todavía apreciar la fachada norte, que asoma al parque. El proyecto fue finalizado a mediados del siglo XVIII por Giovanni Battista Borra, al que se deben la monumental fachada de entrada del lado sur de estilo neoclásico y las Salas de Hércules y Diana, cuya rica ostentación de estucos celebra las virtudes de los príncipes y las princesas de Casa Saboya.
Carlo Alberto estaba vinculado afectivamente a la residencia Racconigi, por su pertenencia a la rama Saboya-Carignano. En 1832, tras su subida al trono de Cerdeña, encargó al arquitecto real Ernesto Melano la modernización del edificio, al que fueron añadidas dos alas laterales. Para el mobiliario del interior fue llamado Pelagio Palagi, que supo mejor que ningún otro artista interpretar el clima cultural promovido por el rey. Son de Palagi los proyectos para amueblar las habitaciones con un gusto nuevo y ecléctico. La fascinación por el exotismo y los mundos lejanos, afirmada con la moda de los tocadores chinos, ahora se actualiza con modelos etruscos, griegos y romanos, impulsada además por los descubrimientos de Pompeya y Herculano y de las necrópolis de la antigua Etruria. Para los invernaderos y la granja del parque, Palagi recurrió al estilo neogótico, que se adaptaba mejor al jardín romántico diseñado por el paisajista prusiano Xavier Kurten.
Tras el traslado de la capital del reino de Italia de Turín a Roma en 1871, la presencia de los soberanos fue cada vez menos frecuente hasta principios del siglo XX, cuando el rey Vittorio Emanuele III volvió a elegir Racconigi para su veraneo, promoviendo campañas de modernización tecnológica y decorativa.
Umberto II acudía a esta residencia con regularidad hasta la Segunda Guerra Mundial, y posteriormente, en 1980, la residencia fue adquirida por el Estado italiano.
Actualmente el interior ofrece a los visitantes una mirada íntima y cercana a la vida cotidiana y privada de la familia real: desde los dormitorios, a las cocinas y los vestidores, desde la sala de billar y el comedor hasta el extraordinario gabinete etrusco, donde el rey recibía a ministros y embajadores. Además de las maravillas de los interiores, el vasto parque es uno de los ejemplos más significativos en Europa de la sensibilidad hacia la naturaleza y el paisaje propia del Romanticismo, con árboles seculares que componen zonas boscosas, celando caminos y zonas de agua.
Información
Piazza Carlo Alberto – Racconigi (CN)
+39 0172 84005
racconigi.prenotazioni@cultura.gov.it
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